miércoles, 27 de abril de 2011

"Dibujando era el hombre más feliz del mundo, un oficio que le hacía disfrutar". Entrevista a Manuel Cuyàs Gibert


Hoy tenemos como entrevistado especial, a Manuel Cuyàs Gibert (1952, Mataró), que nos va a hablar sobre la figura de su padre Manuel Cuyàs Duran (1922-2005, Mataró). Un autor de enorme talento, que Ediciones B, tiene el placer de recuperar unas de sus mejores creaciones gráficas, “Cristina y sus amigas”.

Estas fueron sus palabras.

- Cómo definiría la obra de su padre, su estilo de dibujo? ¿Qué es lo que más le gustaba dibujar en su tiempo libre?

Definiría el dibujo de mi padre como realista, inspirado en los grandes ilustradores catalanes de la poca de la República, que serían Junceda, Apeles Mestres, la gente que colaboraba en la revista Papitu, Patufet, donde él se formó. Mi sensación es que los dibujos de mi padre tienen tanto movimiento, que si miras una viñeta, verás que los personajes siempre están en movimiento. Se inspiró mucho en el cine, sobre todo el de su época, la etapa del cine mudo, y el de los años treinta, del expresionismo alemán, y sobre todo de la estética de Hollywood copiada del expresionismo alemán; esas películas de Errol Flyn (uno de sus ídolos), porque en aquellas películas había mucho movimiento.


Manuel Cuyàs Duran, en su estudio de trabajo

Mi padre profesionalmente dibujó casi toda su vida para Bruguera, antes había hecho publicidad, que no le gustaba nada. En sus ratos libres lo que hacía era dibujar gente, retratos realistas, encargos: el niño que hacía la primera comunión, el matrimonio que hacían 25 años que se habían casado. Tiene una producción enorme, todas las casas de Mataró están llenas de dibujos de mi padre. Siempre dibujaba a pluma, primero a lápiz y después a pluma. También paisajes, siempre estaba dibujando; miraba la televisión y siempre dibujando: a su mujer, a un objeto. Cuando se jubiló, cuando le tocaba por su edad, añoró las chicas de Landers School, Cristina y sus amigas, sus niñas.

-Con la recuperación de la obra de su padre, con Cristina y sus amigas ¿cree qué se va reconocer por fin su obra?

Habrá sobre todo chicas que redescubrirán aquellos dibujos de cuando eran niñas. Mi padre era un dibujante de primera línea. Sobre reconocer su obra, no, no creo, porque la estética ha cambiado mucho, el tipo de dibujo que se hace ahora es totalmente distinto, no creo que la sensibilidad de ahora sea la misma.

-¿Cómo fue su relación con Antonio Turnes, el guionista de la serie?

Bruguera lo que hacía era nunca poner en contacto a los dibujantes con los guionistas. Mi padre no trabajaba en Bruguera, trabajaba para Bruguera en su casa; nunca había contacto con nadie. Mi padre conoció al equipo de la editorial, Ibáñez, Perich, etc., de encontrárselos en el ascensor, si coincidía el día que iba. Con Turnes Ardanuy (Antonio Turnes), su guionista preferido(Irene fue el otro guionista de la serie), casi no lo conoció, lo que ocurre es que se enviaban mensajillos. Él iba a Bruguera entregaba los dibujos y le entregaban un guión, a veces Turnes en el guión le ponía un comentario: “Sr. Cuyàs, hola Cuyàs muy bien, me gusto mucho”, pero relación ni una, se saludaban pero no se conocían casi nada. En los últimos tiempos conoció a Jaume Perich, Perich le admiraba mucho, él fue uno de los inspiradores de la revista Bang!; el primer número, el 0 (noviembre 1968), está dedicado a mi padre.


Cristina y sus amigas

Mí padre dibujo para Inglaterra a través de Bruguera y su agencia Creaciones Editoriales. Su contrato decía, mientras él estuviera contratado por la editorial, siempre, siempre tendría trabajo. Cuando flaqueaban los tebeos de aquí, enseguida le daban trabajo para Inglaterra. Entonces ocurrió una cosa, como el dibujo se adaptaba mucho al gusto inglés (Inglaterra, Escocia e Irlanda), fue muy reclamado, la editorial inglesa exigía que fuera mi padre el dibujante, por tanto Bruguera, Creaciones Editoriales, le dieron mucho trabajo para Inglaterra, que es lo que hizo él básicamente. Lo de Cristina y sus amigas, es un trabajo que le duró unos años determinados, y parecía que fueron largos, porque se fue reeditando y reeditando; parecía que siempre estaba haciendo Cristina y sus amigas (antes Landers School), fue lo de menos. El grueso del trabajo lo hacía para Inglaterra, hizo de todo, desde cosas también de niñas, internados, hasta de Frankenstein, Drácula, etc. Para la productora Hammer, que tenía un departamento de cómics, hizo lo de Christopher Lee y toda la temática de ese género.

En Inglaterra ocurría otra cosa, como los sindicatos eran muy fuertes, para evitar protestas sindicales le borraban la firma. A veces firmaba en lugares recónditos para ver si de esta manera no se daban cuenta y le borraban la firma igualmente. No le enviaban la producción impresa, a excepción de alguno, porque alguien fue a Inglaterra y lo consiguió; rogando a una chica de Bruguera que tenía tratos con él, le dio uno a escondidas. Tenía la compensación de que siempre tenía trabajo.

- ¿Cómo fue su trayectoria en Bruguera, en la agencia Creaciones Editoriales para la creación de Cristina y sus amigas?

Entró por meritos propios, le ligaron a un contrato que cumplió siempre, él fue muy feliz; una vez superado el disgusto del coloreado, la rotulación y los recortes. Dibujando era el hombre más feliz del mundo, era un oficio que le hacía disfrutar mucho.


Astroman

-Otro de los grandes trabajos de Cuyàs fue Astroman, con Víctor Mora y Andreu Martín ¿Qué cree que aportó a esa serie? ¿Cómo la definiría?

Eso fue un trabajo de ciencia-ficción, en el que destacaría el dibujo y el movimiento, y una cierta ironía. Pienso que eso es lo que aportó.

-Entre los dibujantes que su padre admiraba de la profesión se encontraba Junceda, ¿Qué otros autores de su generación sentía devoción?

Junceda era el nº 1 para mi padre, siempre, siempre, no hay nadie más; y de contemporáneos suyos, había Opisso y demás, pero él siempre Junceda, no le sacabas de aquí. Le gustaba mucho el dibujo, observaba mucho a la gente que dibujaba; hubo una hornada de nuevos autores catalanes, como “Las tres mellizas” (Roser Capdevila), que mi padre valoraba muchísimo. Estaba muy al tanto de lo que se hacía, y valoraba un tipo nuevo de dibujo que empezó por aquel entonces, sobre todo ilustraciones de libros infantiles. Ya veía que empezaba a formar parte de una generación pasada, y que estaba surgiendo un nuevo dibujo, que es actualmente el que se está haciendo, veía que se estaba acercando una nueva modernidad.


Historias Selección nº 3. La Isla del Tesoro.
Año 2008. Reedición, Zeta Bolsillo.

-Su padre dibujó aventuras románticas, colecciones para la infancia, novelas famosas como Oliver Twist ¿Qué cree más que le hubiera gustado dibujar en su carrera como artista?

La ilustración de libros le gustaba muchísimo, porque los libros tenían cierta calidad, los leía, lo que ocurre que cuando descubrió la narrativa del tebeo, fue un mundo nuevo, que se adaptó muchísimo, porque la ilustración de libros es más práctica, de tanto en tanto hay una página donde hay un dibujo. Allá descubrió un sistema narrativo que se asemejaba al cine; pienso que para Bruguera en la colección Historias Selección, su “Isla del Tesoro”, era buenísimo, como no está coloreado, ni retocados, podrás ver al auténtico Cuyàs en estado puro.


La Isla del Tesoro, pág. 60

-Para finalizar ¿qué les diría a los lectores de hoy sobre Cristina y sus amigas? ¿Qué van a encontrar sus aventuras?¿Por qué lo recomendaría?

Van a encontrar los lectores de hoy, primero un guión de Turnes que estaba muy bien, y unos dibujos fantásticos. Que las historias son ñoñas, ¡claro! Son fruto de ese tiempo. Pienso que estos dibujos y estos guiones se van a valorar más dentro de unos años que ahora. Unos guiones muy bien estructurados, y sobre todo que se fijen en el movimiento de los dibujos.



Muchas gracias por sus amables palabras.

Nota. Desde aquí agradecemos la colaboración de Rubén Garrido, un experto en la obra de Manuel Cuyàs.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada